COMISIÓN: HIPERTENSION ARTERIAL
La existencia de una correlación fuerte, positiva, continua e independiente entre presión arterial y riesgo de enfermedad cardiovascular, ha sido bien documentada (1). El nivel de presión arterial muestra una relación directa con el accidente cerebrovascular, y en un grado levemente inferior con el infarto de miocardio (2). Esta relación no se restringe a valores de hipertensión arterial, sino que también se observa en el rango de valores normales de presión arterial, y de hecho aún hoy en día no se identificado un nivel de presión arterial por debajo del cual el riesgo no continúe disminuyendo. La hipótesis de la existencia de una curva en J, no se pudo confirmar. Por otra parte, el estudio de los Siete Países, ha demostrado que a igual nivel de presión arterial, el riesgo de eventos cardiovasculares, varía de un país a otro posiblemente en relación a factores genéticos y culturales. (3) El diagnóstico de hipertensión arterial se basa sobre la medición de la presión arterial en valores superiores a los considerados como normales, en al menos tres consultas separadas por no menos de una semana, excluyendo la visita inicial. Se enfatiza la necesidad de realizar una correcta medición de la presión arterial, siguiendo las normativas internacionales (4), así como la recomendación de tomar en cuenta las mediciones domiciliarias o ambulatorias de presión arterial, además de aquellas obtenidas en el consultorio. Actualmente se acepta la clasificación de la presión arterial propuesta por la Organización Mundial de la Salud en conjunto con la Sociedad Internacional de Hipertensión Arterial (OMS/ISH)(5) (Tabla 1). Puesto que la mayoría de los hipertensos (67%)(6) se encuentran en el estadio 1, es en esta población donde se halla la mayoría del exceso de riesgo cardiovascular, ya que si bien su riesgo relativo es bajo, el riesgo absoluto es elevado en función del alto número de personas incluidas en este grupo. Es por ello que en estos pacientes se recomienda con especial énfasis la necesidad de un adecuado control no solo de su presión arterial sino también de otros factores de riesgo concomitantes. Se aconseja, entonces, reemplazar el término “hipertensión arterial leve” por los mas actualizados estadio 1 (JNC VI)(1) o grado 1 (OMS-ISH)(4) dado que más del 70% de los pacientes con presión arterial entre 140/90 y 160/95 mm Hg presentan otros factores de riesgo asociados, o bien manifiestan complicaciones cardiovasculares. Recientemente se puso mayor atención al elevado riesgo cardiovascular que presentan aquellos individuos con aumento de la presión sistólica y simultáneamente una presión diastólica normal o bien baja. Esto determina un incremento de la presión de pulso (diferencia entre sistólica y diastólica) que parece que es el mejor predictor de riesgo en estos sujetos, en su mayoría adultos mayores con hipertensión sistólica aislada (7), si bien es difícil estimar el peso relativo de otras covariables asociadas (edad, presión arterial sistólica, etc.).
La asociación frecuente de otros factores de riesgo tales como: la diabetes, la dislipidemia, el tabaquismo, la obesidad y el sedentarismo, incrementa sensiblemente el riesgo cardiovascular del hipertenso, por lo cual resulta de suma importancia la evaluación global del mismo en cada paciente en particular. A este fin se recomienda emplear la estratificación de riesgo y pronóstico de la OMS/ISH (Tabla 2)(5), que establece una categorización en bajo, moderado, alto o muy alto riesgo en función de que la probabilidad de un evento cardiovascular en los próximos 10 años sea menor al 15%, entre el 15 y 20%, entre 20 y 30 % o mayor del 30%, respectivamente.
Tabla 1: Clasificación de la presión arterial para adultos de 18 y más años * (5)
Categoría Sistólica Diastólica(mm Hg) (mm Hg)
Óptima** <120 <80Normal <130 <85Normal alta 130-139 85-89
Hipertensión***Grado 1 140-159 90-99Subgrupo Limítrofe 140 -149 90-94Grado 2 160-179 100-109Grado 3 ≥180 ≥110Hipertensión sistólicaaislada > 140 < 90Subgrupo limítrofe 140 – 149 < 90
*Sin tomar antihipertensivos ni padecer enfermedad aguda. Cuando las presiones sistólica y diastólica caen en diferentes categorías, la mayor es la que clasifica a la PA. Deben especificarse los factores de riesgo adicio-nales y las lesiones en los órganos diana. **La presión arterial óptima en relación al riesgo cardiovascular es menor de 120/80 mm Hg. ***Basada en el promedio de dos o más lecturas efectuadas en dos o más visitas luego de la primera entrevista.
También existe evidencia concluyente de que el tratamiento antihipertensivo reduce significativamente el riesgo cardiovascular, particularmente en pacientes que ya han sufrido un evento cardiovascular (8,9). Puesto que la hipertensión arterial es una enfermedad muy frecuente, su importancia como factor de riesgo cardiovascular adquiere una trascendencia sanitaria significativa. La información epidemiológica disponible en nuestro país es escasa (10-15), pero los datos disponibles muestran una elevada prevalencia (Tabla 3) comparable a la observada en Estados Unidos (16).
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Tabla 2- Estratificación del Riesgo Cardiovascular en la hipertensión arterial (OMS-ISH) (5).
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Presión Arterial (mm Hg) |
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Factores de Riesgo e Historia Clínica |
Grado 1 Hipertensión Leve PAS 140 – 159 ó PAD 90 – 99 |
Grado 2 Hipertensión Moderada PAS 160 – 179 ó PAD 100 – 109 |
Grado 3 Hipertensión Severa PAS > 180 ó PAD > 110 |
I. Sin FR |
BAJO RIESGO |
MODERADO RIESGO |
ALTO RIESGO |
II. 1 – 2 FR |
MODERADO RIESGO |
MODERADO RIESGO |
MUY ALTO RIESGO |
III. 3 ó mas FR o DOB o diabetes |
ALTO RIESGO |
ALTO RIESGO |
MUY ALTO RIESGO |
IV. AECV |
MUY ALTO RIESGO |
MUY ALTO RIESGO |
MUY ALTO RIESGO |
FR = factor de riesgo cardiovascular; DOB = daño de órgano blanco; AECV = antecedente de enfermedad cardiovascular clínicamente significativa
PREVENCIÓN PRIMARIA DE LA HIPERTENSION ARTERIAL
La prevención primaria de la hipertensión arterial es posible. Se demostró que modificaciones en el estilo de vida previenen o demoran el incremento de la presión arterial (17-22). A modo de ejemplo, la reducción de peso en los obesos, una dieta rica en fruta y verdura, y pobre en grasa saturada y total, así como una ingesta de sodio menor a 85 mEq (4-5 gr. sal/día), reduce significativamente la presión arterial (23). Por ello, cambios en el estilo de vida puede producir un impacto notable en la salud pública y deben recomendarse. Si se tomaran acciones concretas dirigidas a la reducción del contenido de sodio y grasas de los alimentos manufacturados, se podrían obtener mejores resultados. (1). El potencial de la prevención primaria de la hipertensión arterial se hace mas evidente cuando se considera que una significativa proporción de eventos cardiovasculares ocurre en personas con una presión arterial entre los 120/80 y 140/90 mm Hg (24,25), y que los sujetos con presión normal alta son los que mas fácilmente evolucionan hacia hipertensión establecida (1).
Tabla 3. Prevalencia de hipertensión arterial en la Argentina.
Estudio |
N |
Edad (años) |
Prevalen cia (%) |
Ciudad de La Plata (10) |
6.386 |
15-75 |
32,7 |
Gral. Belgrano (11) |
1.080 |
15-75 |
39,8 |
Rosario (FAROS) (12) |
2.071 |
21-65 |
34,7 |
Rauch (Pcia. Bs. As.) (13) |
1.523 |
15-75 |
35,8 |
Ciudad de Córdoba (14) |
6.875 |
15-85 |
29,9 |
Argentina (1990) (15) |
10.415 |
15-99 |
26% |
Por ello, las acciones que se realicen para el control comunitario de la hipertensión arterial, además permitirá detectar a estas personas con presión arterial entre 120/80 y 140/90 mm Hg, y tomar medidas precozmente lo que puede contribuir a reducir eventos cardiovasculares.
Puesto que la prevención de la hipertensión arterial es posible, se recomienda:
Cl 1- En personas de mayor riesgo de desarrollar hipertensión arterial (sujetos con presión arterial normal-alta, hijos de hipertensos, obesos, etc.), controlar su presión arterial al menos una vez al año. Cl 1- En estas personas indicar las modificaciones en el hábito de vida que sean pertinentes (práctica de ejercicios físicos regulares, moderación en el consumo de grasas, sal y alcohol, abandonar el consumo de tabaco, reducir el peso, dieta rica en fibras y potasio, etc.). Cl 1- Detección y control de otros factores de riesgo cardiovascular concomitantes.
MANEJO CLINICO DE LA HIPERTENSIÓN ARTERIAL EN LA PREVENCION PRIMARIA DE LA ENFERMEDAD CORONARIA
Gran parte de los pacientes con hipertensión establecida no realizan suficientes cambios en el estilo de vida, no toman medicación, o pese a recibirla están insuficientemente controlados. La detección, tratamiento y control de la hipertensión arterial han presentado variaciones en el correr de los últimos años. El estudio de evaluación de salud y nutrición, realizado en los Estados Unidos de Norteamérica (16), comparó los resultados obtenidos en el período comprendido entre los años 1988 a 1991 y 1991 a 1994, acerca del grado de conocimiento de la presencia de hipertensión arterial, de su tratamiento y de la normalización de los valores de presión arterial en individuos entre los 17 y 74 años de edad. Sorprendentemente, los resultados obtenidos demostraron que éstos fueron iguales o peores en el segundo período respecto del inicial. Quizás, en parte, esto pueda deberse al envejecimiento de la población.
En Argentina la información disponible al respecto es parcial, pero los 4 estudios realizados muestran un grado de control muy pobre, no superior al 13% (1015). En un estudio realizado en varios países de Europa, sólo el 37% de un total de 11.000 hipertensos en tratamiento alcanzó el objetivo de presión arterial deseado por sus médicos (26), y en Inglaterra solo el 57% de los pacientes tratados están con cifras por debajo de 160/95 mm Hg, y solo el 6% mantienen cifras inferiores a 140/90 mm Hg. Así pues, el tratamiento antihipertensivo no logra en la práctica diaria alcanzar los beneficios esperados (27), y tanto el médico como el paciente son responsables de esta situación. Sin embargo se demuestra un control cercano al 80% y 50% para la presión arterial sistólica y diastólica respectivamente, en pacientes adherentes al tratamiento en centros especializados (28), lo cual implica que hay mucho espacio para mejorar la situación actual. Cabe recordar que la hipertensión arterial no es tan sólo un problema hemodinámico consistente en la mera elevación de la presión arterial, sino que involucra alteraciones metabólicas, estructurales y funcionales mucho más amplias (29), y en ciertos casos más precoces, pues pueden preceder al ascenso tensional. Por ello, los pacientes hipertensos no reducen su riesgo cardiovascular en la misma medida que lo hacen los normotensos, aún a igual nivel de presión arterial (30). Por otra parte, la hipertensión arterial no es una inevitable consecuencia de la edad (19). Por lo tanto, una estrategia poblacional efectiva y amplia para prevenir el incremento de la prevalencia de hipertensión arterial con la edad y reducir el nivel general de presión arterial, (31) aún en una pequeña medida, puede modificar a largo plazo la morbimortalidad cardiovascular total de la población, en una medida similar o mayor a la lograda al tratar tan solo a los hipertensos establecidos. Varios estudios (32-35) realizados con distintos tratamientos en adultos mayores de 65 años con hipertensión sistólica aislada, han confirmado un significativo beneficio en términos de prevención cardiovascular, por medio del tratamiento antihipertensivo.
Estilo de vida: en los pacientes hipertensos se debe revisar el estilo de vida e indicar las correcciones que sean convenientes, con el apoyo profesional y familiar necesario para que los mismos sean sostenidos por toda la vida.(1,5) Se debe estimular el abandono del consumo de tabaco. El uso de chicles o parches de nicotina, así como otras formas de tratamiento, pueden ser útiles en algunos casos, en particular en grandes fumadores. El tabaquismo pasivo también debe evitarse (36,37) Se deben tomar las medidas adecuadas para prevenir el aumento de peso que frecuentemente acompaña a la suspensión del tabaquismo.
La dieta es una parte importante para el manejo integral del hipertenso, y por ello todos los pacientes deben recibir información nutricional que le permita optar por una alimentación que reduzca su riesgo de enfermedad coronaria o aterosclerótica. En este contexto, el papel de la familia es especialmente importante, en particular quien compra y prepara los alimentos, a quien debe brindársele una clara información nutricional. Puesto que la reducción del sobrepeso es una medida de gran importancia para la prevención primaria de la hipertensión arterial y de la enfermedad coronaria, los pacientes con sobrepeso (índice de masa corporal [IMC = peso/talla2 en metros] mayor a 25 Kg/m2 ),u obesos (IMC > 30 Kg/m2), y particularmente aquellos que tienen obesidad central, deben ser tratados para disminuir de peso usando una dieta apropiada e incrementando la actividad física. (1,5,38) Todos los pacientes deben ser alentados a incrementar su actividad física, de acuerdo al estado individual de cada paciente. Se recomienda realizar ejercicio aeróbico (caminar, nadar, ciclismo, etc.), por 20 o 30 minutos 4 o 5 veces a la semana. Es conveniente una evaluación cardiológica previa a fin de determinar el grado de actividad a indicar a cada sujeto. (1,39) Los cambios en el estilo de vida facilitan el buen control de la presión arterial, y contribuyen a que se requiera una menor dosis o número de fármacos en pacientes tratados (1).
Tratamiento farmacológico
Estudios clínicos del tratamiento de la hipertensión arterial con diferentes drogas han demostrado convincentemente que el riesgo asociado con el aumento de la presión arterial puede ser reducido sustancialmente, particularmente para accidente cerebrovascular, pero también para insuficiencia cardíaca, enfermedad coronaria e insuficiencia renal crónica. Esta reducción de riesgo es sin duda debida al descenso de la presión arterial y quizás también a las propiedades intrínsecas de los agentes antihipertensivos utilizados. Puesto que el objetivo del tratamiento antihipertensivo es reducir el riesgo cardiovascular, la decisión de tratar la hipertensión arterial con drogas, depende del riesgo absoluto para enfermedad coronaria, así como de los niveles de presión arterial sistólica y diastólica, y de la presencia o no de daño de órgano blanco (Tabla 2). A todo individuo con una presión arterial sostenidamente superior a 140/90 mm Hg se le deben indicar intervenciones en el estilo de vida, y de acuerdo al riesgo de enfermedad cardiovascular, prescribir fármacos antihipertensivos en forma individualizada. Cabe recordar que en presencia de diabetes, enfermedad renal con microproteinuria o macroproteinuria, u otra condición de alto riesgo, el nivel tensional deseable es menor y por ende puede indicarse tratamiento, farmacológico o no, en forma mas temprana (Tabla 4).
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La reducción en morbilidad y mortalidad cardiovascular por el tratamiento antihipertensivo con diuréticos tiazídicos y betabloqueantes esta bien establecida (1,5,40,41). Los antagonistas del calcio de acción prolongada demostraron que reducen la morbimortalidad cardiovascular en hipertensión sistólica aislada (35,42). Otros estudios (43-45) sugieren que los inhibidores de la enzima de conversión y los calcioantagonistas dihidropiridínicos de acción prolongada, tienen un efecto antihipertensivo y en prevención cardiovascular similar a diuréticos y beta bloqueantes. Por lo tanto se acepta que varias clases de drogas pueden ser utilizadas para el tratamiento antihipertensivo con el fin de lograr la normotensión.. La terapia antihipertensiva puede iniciarse con una droga y si es necesario agregar una segunda y aun una tercera línea de agentes antihipertensivos hasta arribar a la meta deseada, aunque también puede ser válido iniciar el tratamiento con combinaciones libres o fijas de fármacos. Un objetivo de presión arterial sostenidamente menor a 140/90 mm Hg es apropiado para prevención primaria.
Tabla 4. Objetivo del tratamiento antihipertensivo en diferentes poblaciones (1,5).
Situación |
Objetivo de PA (mm Hg) |
Enfermedad coronaria |
< 140/90 (De existir angina se recomienda un descenso aún mayor) |
Diabetes |
< 135/85 |
Insuficiencia renal |
< 135/85 |
Insuficiencia renal con Proteinuria > 1 gr/24 hs. |
< 125/75 |
Terapias concomitantes
Existe evidencia que una dosis baja de aspirina (75 mg) reduce el riesgo de enfermedad coronaria, en pacientes hipertensos mayores de 50 años bien controlados, (42) particularmente en varones, sujetos con creatinina plasmática elevada y en presencia de otros factores de riesgo concomitantes.(46). La aspirina redujo en 36 % el infarto de miocardio fatal o no, sin incremento de sangrados cerebrales. Sin embargo, otros sangrados menores y mayores no fatales fueron 1.8 veces más comunes en el grupo aspirina, en especial en fumadores (47). La coexistencia de hipertensión arterial y dislipidemia, incrementa significativamente el riesgo cardiovascular y exige un manejo decidido de estas entidades (48). En estos pacientes además de un estricto control en la alimentación y en otras aspectos del estilo de vida, se debe iniciar tempranamente el tratamiento farmacológico. (ver sección dislipemias).
Puesto que la prevención primaria de la enfermedad coronaria es posible, se recomienda:
Cl 1 1. Indicar el tratamiento antihipertensivo (cambios en el estilo de vida y/o fármacos antihipertensivos) necesarios para lograr la normotensión (presión arterial < 140/90 mm Hg) en todo paciente hipertenso. Cl 1 2. En pacientes de alto riesgo alcanzar los valores de presión arterial recomendados para cada situación. Cl 1 3. Indicar aspirina en baja dosis en pacientes hipertensos mayores de 50 años, con excelente control de su presión arterial, particularmente varones con elevada creatinina u otros factores de riesgo concomitantes, salvo contraindicación precisa. Cl 1 4. etectar y tratar decididamente todo otro factor de riesgo cardiovascular concomitante a la hipertensión arterial. Cl 1 5. Estas recomendaciones son válidas para todo sujeto mayor de 18 años, independientemente del sexo.
MANEJO CLINICO DE LA HIPERTENSION ARTERIAL EN LA PREVENCION SECUNDARIA DE LA ENFERMEDAD CORONARIA
En pacientes coronarios la meta de presión arterial es < 140/90 mm Hg o menor si es posible, particularmente en aquellos que presentan angina de pecho. Además de los cambios en el estilo de vida, debe emplearse la farmacoterapiaEstilo de vida
Las medidas enunciadas para la prevención primaria, deben también ser indicadas a todo paciente con enfermedad coronaria previa.
Tratamiento farmacológico
Los β-bloqueantes se usan ampliamente en pacientes con hipertensión arterial y angina de pecho, y se comprobó que su uso intravenoso en las primeras horas del infarto agudo de miocardio, reduce en un 13% la mortalidad .( 49) En estudios que incluyeron a mas de 20.000 pacientes con infarto previo se demostró que el uso de βbloqueantes se asocia con una reducción del 43% de la mortalidad a 2 años (50,51). Pese a que la mayoría de las muertes por infarto ocurren en pacientes mayores de 65 años, no existe evidencia del efecto, como prevención secundaria, de estos fármacos en sujetos mayores de 75 años. La prevención secundaria con β-bloqueantes pos infarto agudo de miocardio, es una de las intervenciones con mejor relación costo-beneficio.En pacientes con angina de pecho post infarto, se prefiere la indicación de estas drogas, pero si no son efectivos o bien tolerados, los calcioantagonistas de acción prolongada son una buena opción. En ocasiones puede ser necesaria la asociación de ambos tipos de fármacos. Los inhibidores de la enzima convertidora también son útiles cuando se administran en forma temprana en pacientes con infarto de miocardio complicado con disfunción sistólica, ya que reducen la mortalidad 19% y el 37%la progresión a insuficiencia cardíaca severa (52,53).
Terapias concomitantes
La aspirina (por lo menos 75 mg.) u otras drogas con efectos antiplaquetarios, se recomiendan virtualmente en todos los pacientes. El tratamiento hipolipemiante también es obligatorio (ver sección dislipemias).
Puesto que la prevención secundaria de la enfermedad coronaria es posible, se recomienda:
Cl 1- Educación médica de todo paciente hipertenso con enfermedad coronaria. Cl 1- Indicar el tratamiento antihipertensivo (cambios en el estilo de vida y/o fármacos antihipertensivos) necesarios para lograr la normotensión (presión arterial < 140/90 mm Hg o menor, de ser esto posible y tolerado) en todo paciente hipertenso. Cl 1- Indicación de beta-bloqueantes en todo paciente coronario, salvo contraindicación precisa. Cl 1-En pacientes coronarios con insuficiencia cardíaca o disfunción ventricular, aún asintomática, los inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina y la espironolactona están indicados en asociación a los beta-bloqueantes.. Cl 1- Indicar aspirina en baja dosis a todo paciente coronario, y de existir contraindicación para la misma indicar otra droga antiagregante plaquetaria. Cl 1- Detectar y tratar decididamente todo otro factor de riesgo cardiovascular concomitante a la hipertensión arterial.
CONSIDERACIONES FINALES
La prioridad médica debe concentrarse en aquellos pacientes con mayor riesgo coronario o de aterosclerosis, y en todo individuo de alto riesgo cardiovascular, ya que en este grupo el potencial de acción preventiva es máximo (Tabla 5). Este hecho no invalida la necesidad de tratar al hipertenso con menor riesgo cardiovascular, ya que en ellos se desarrollan
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Tabla 5. Población en alto riesgo de evento coronario
Dados los pobres resultados del tratamiento antihipertensivo que se logran en la práctica cotidiana, el desafío es lograr que los resultados obtenidos en los grandes estudios clínicos lleguen al paciente que consulta a cualquier medico especializado o no. A este fin se requiere de la adecuada educación y concientización del paciente acerca de la importancia de su tratamiento y del objetivo de presión arterial a lograr. Por su parte el médico debe tener una clara decisión de lograr el objetivo deseado en cada sujeto, e instrumentar los medios menos agresivos posibles para alcanzar el mismo. La evidencia disponible demuestra que para lograr la normotensión se deben emplear asociaciones de dos o mas fármacos en el 70% de los hipertensos. Las asociaciones fijas frecuentemente resultan adecuadas, facilitan el tratamiento y reducen costos, pero su indicación queda al exclusivo criterio del médico. (28,42).
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